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28

Sep-2016
hdm-Ana

La historia de nuestras habitaciones: Santas Justa y Rufina

Las santas Justa y Rufina nacieron en Sevilla en el siglo III. Por aquel entonces la hoy conocida como península ibérica era de dominio romano y cultura pagana. Ellas venían de una familia humilde y con fuertes convicciones cristianas. Las hermanas se ganaban la vida vendiendo cerámicas y es por ello por lo que se las conoce como patronas de los alfareros.

Por aquel entonces era constumbre celebrar una vez a al año una fiesta pagana en honor a Venus y en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Los devotos de este culto oriental iban danzando y pidiendo limosnas para el culto de la diosa y la afrenda floral que se le iba a hacer. Cuando se pararon ante el puesto de Justa y Rufina les pidieron unas jarras de cerámica que vendían para colocar las flores. Pero ellas se negaron por ser cristianas y considerar aquel culto pagano una ofensa. Entonces, en venganza, los devotos de la diosa destrozaron toda la mercancía que las hermanas tenían en la tienda. Y ellas, indignadas, se arrojaron sobre la imagen de la diosa y la hicieron pedazos.
Los devotos furiosos las golpearon y las llevaron al pretorio. El gobernador, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio, las santas se negaron a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del "potro" para a continuación ser torturadas con "garfios de hierro", Diogeniano esperaba que el trato que se le daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades de la hambre y la sed.
Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo, esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena, tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía mandó encarcelarlas hasta morir, la primera en fallecer fue Santa Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.
Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió, ya decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos, la llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase, la bestia se acercó lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho el obispo Sabino recogió los restos y lo enterró junto a su hermana en el año 287.
Por tan cristiana acción, fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla, y de los gremios de alfareros y cacharreros.
La tradición sevillana señala además a las Santas Justa y rufina como protectoras de la Giralda y de la Catedral, ya que no permitieron que cayeran tras el terremoto de Carmona de 1508, y de nuevo en el terremoto de Lisboa de 1755. En la propia Catedral, precisamente el altar más cercano a la Giralda está dedicado a las Santas y en él figuran sus esculturas flanqueando a la Giralda. Estas esculturas proceden de la iglesia del Salvador de Sevilla, fueron realizadas por Pedro Duque Cornejo en 1728 y procesionan cada año en el Corpus Christi de Sevilla.

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